Son las diez y media de la noche. Llevo más de una hora escuchando la música de la armónica de un misterioso señor en el tren de camino a mi pueblo. Se nota que improvisa. Pero toca bien, de puta madre. Es preferible esto a los amigos del reggeton, que amenizan mis trayectos de cercanías con las mejores piezas de su teléfono móvil cada mañana. Escuchando las notas del pequeño y metálico instrumento recuerdo las sensaciones que me ha transmitido esta tarde la presentación de la película Chico & Rita en Barcelona. Una película en la que la música juega un papel muy importante, definida por sus autores -el dibujante Javier Mariscal y el director Fernando Trueba– como “un bolero”.
La historia se ambienta en La Habana de los años 50, y sigue la trayectoria de dos enamorados, un pianista de jazz y una cantante, que se irán reencontrado y separando a lo largo de toda su vida. Por lo visto, en el relato también aparecen músicos reales de aquella época, cuyos temas han sido reproducidos por importantes intérpretes actuales. Basta decir que el hermano de Nat King Cole ha recreado las canciones de éste, imitando su voz característica. Bebo Valdés y Estrella Morente ponen la guinda a este pastel, que ha ganado el Goya a la mejor cinta de animación del año.

Pero antes de entrar en materia retrocedamos un poco, concretamente hasta (aproximadamente) las siete de la tarde, con el sol ya completamente apagado. Lugar: Urquinaona. Mireia y yo salimos de la boca del metro para meternos rápidamente en el Pans & Company más cercano, pretendiendo correr más que la lluvia que nos está empapando, y esquivando una ruidosa manifestación de CCOO que no sabemos de qué trata. Entramos en el local un poco aturdidos por el estruendo de dos petardos que parecen tiros de escopeta, y vamos al mostrador a gastarnos otro de los vales 2×1 que nos dieron unos días antes en la Illa Diagonal. Ya comiendo, le digo a Mireia:
– Creo que voy a ir andando hasta Plaça Universitat, el lugar dónde se presenta la película esta, así a lo mejor la policía me dispara junto con los manifestantes
– ¿Por qué hablas en singular? – dice ella, dando a entender que me acompañará a la presentación.
– ¡Pues entonces que nos disparen a los dos!

Dicho y hecho, media hora después llegamos mojados como pollos a la estación de metro Universitat, donde curiosamente tiene lugar el acto. Para poder acceder, obviamente, hay que pagar un viaje en transporte público, y aunque luego no tenemos que cogerlo, lo pagamos. Y así, supongo que se cumple el otro objetivo de TMB (Transports Metropolitans de Barcelona), que no promociona la cultura desinteresadamente.
Materialismos a parte, yo estoy pensando que es un privilegio poder escuchar a Mariscal (el valenciano que diseñó a Cobi) y Trueba (director de Belle Epoque, Two Much, La Niña de Tus Ojos, o El Baile de la Victoria) hablando sobre un film que está hecho única y exclusivamente por amor al arte, y con el que seguramente han perdido más dinero del que van a recuperar en taquilla (Mariscal ya se ve vendiendo sus dibus en la calle, o eso he leído hace poco en una entrevista). El evento, una maniobra de relaciones públicas en toda regla, incluye algunas chorradas, como un viaje de ida y vuelta en metro que no sé exactamente para que sirve. También hay música en directo de un tal Carlos Sarduy. Pero nada de esto me preocupa, pues tengo la mirada clavada en Mireia, que es la primera vez que me acompaña a “cubrir” un acto como “periodista” (solo es una forma de hablar).

Como es mi rutina, saco un bloc y un boli para apuntar lo que luego espero saber reproducir en el artículo. Pero esta vez no estoy solo por el trabajo, tengo una persona que acapara gran parte de mi atención.
Mariscal habla y baila saleroso al son de la música cubana, obsequiándonos con algunos chispazos del humor inteligente al que nos tiene acostumbrados. “Ahora vamos a ver una cosa que los de marketing utilizan para vender la película, creo que lo llaman trailer”, dice. También lanza alguna florecilla a los mecenas del transporte, los mismos que se quedan con un cuarto de mi sueldo de becario cada mes: “El mejor transporte público del mundo entero”. Entre proyección de un fragmento del making off y otro, cuenta detalles de la realización del film, que ha tardado tres años en gestarse y en el que han trabajado más de 300 animadores. A pesar de que se trata de una peli de dibujos, se han filmado secuencias con actores reales en Cuba, para tomar luego sus movimientos como referencia a la hora de dar vida a los personajes (para más información, consultar rotoscopia en el Google). “El lápiz del dibujante es lo que le da este movimiento poético a los personajes, estas caderas imposibles de las mujeres, este contorneo sabrosón”, Mariscal dixit.

Mientras saco algunas fotos, Mireia sigue ahí plantada, en el final, prestando atención a los ponentes. Justo lo contrario de lo que estoy haciendo yo, que me pregunto si lo estará pasando bien entre tanto jazz y años 50, algo tan distante de lo que es nuestra rutina cotidiana.
– Así que la película es la historia de una canción. – le digo a la vuelta.
– Es más que esto, es la historia de dos personas unidas por la música. Como nosotros.

Seguro que lo está diciendo porque la primera vez que nos vimos fue en un concierto, pienso para mis adentros. O tal vez lo diga porque la música es una de nuestras principales aficiones y siempre que podemos vamos a ver en directo a nuestros grupos favoritos. O tal vez sea porque el próximo fin de semana vamos a ver tocar a Anna Roig i l’ombra de ton chien, que ya nos la perdimos una vez en la sala Apolo por Navidad…

– ¿Vamos a participar en este concurso de mierda? -dice ella en referencia al concurso de fotos románticas que han organizado los de TMB para la ocasión.
– Claro.- Le miento.

Y una vez ha terminado todo, y estamos andando la Rambla con una crep en las manos (ya por fin, sin lluvia), pienso que el mejor logro de una película no debe ser conquistar la taquilla, ni ganar dinero. Tal vez el mejor logro de una obra de arte cualquiera -una película, una canción, una foto, un cuadro…- puede ser plasmar la esencia de la vida con el lenguaje del alma, que es nuestro lenguaje verdadero. Si una película logra que nos veamos reflejados en ella, que aprendamos algo y que reflexionemos, tiene la partida ganada. ¿Será el caso de Chico & Rita?

Wandering star, ¿verdad? – Le digo al músico del vagón, que por fin toca una canción que puedo reconocer.

Y así, el tren sigue avanzando acorde con el hilo de mis recuerdos…